jueves, 27 de septiembre de 2018

El primer año

Hoy tengo 1 año 36 semanas 2 días de ser mamá...



El 25 de septiembre Abelito cumplió un año, para muchos eso significa que ha dejado de ser un bebé para convertirse en un niño, para mi significa que llevo un año de conocer (fuera de mi) a una persona increíble, quien aunque aún no cuenta con un vocabulario complejo ni puede trasladarse solo de un lugar a otro, expresa su amor de diferentes maneras haciéndonos saber siempre lo mucho que nos ama y lo feliz que es.

Abelito cumple un año y al voltear y ver el camino recorrido puedo notar lo mucho que hemos crecido los tres, Abel, Abelito y yo. Obviamente no somos los mismos, ni podríamos serlo. Sin embargo, seguimos manteniendo la esencia, el amor y las ganas de estar felices y cuidándonos entre los tres.

Hemos pasado por tantas cosas, en su mayoría felices, pero también hemos pasado por diversas preocupaciones pero que con amor y yendo oportunamente al pediatra/doctor se han resuelto de manera rápida y favorable.

Un año ha pasado y estoy segura de que vendrán muchos más... años en los que seguiremos creciendo, en los que papá y mamá seguirán esforzándose por ser mejores personas, en todos los sentidos (seguramente Abelito tendrá una dedicatoria especial por toda su cooperación en las tesis de sus papás).

Las noches de desvelo, el no poder ir al cine tan seguido como antes, el estar al pendiente de la rutina del bebé, todo vale la pena por completo y para nada sabe a sacrificio.



...y ha sido increíble.

viernes, 10 de agosto de 2018

Del parto

Desempolvando un poco este espacio que he tenido muy descuidado...


¡Han pasado más de 10 meses de la llegada de mi bebé! Esta ha sido y sigue siendo una experiencia increíble, poder influir de manera directa en la vida de un ser humano, disfrutar de sus logros (pequeños y grandes), divertirnos y aprender el uno del otro.

Pero en fin, de lo que quiero escribir hoy y desde hace varios meses es de cómo fue el parto...

En mi caso (o más bien el de Abelito) fue necesario realizar una cesárea en un sanatorio privado, ya que se quedaba sin líquido amniótico y además traía el cordón umbilical rodeando su cuello. A pesar de que mi primer deseo era tener a mi bebé por vía vaginal por supuesto no me opuse para nada a la cesárea.

Lo que más me preocupaba del nacimiento era que mi bebé "no llegó a término" sino que tan solo tenía 36 semanas y el ginecólogo decía que los riesgos aumentaban por ser varón, etc. Me aplicaron inyecciones para ayudar al desarrollo de sus pulmones y la noche previa a la cirugía yo intenté dormir lo más calmada posible.

Frente a los demás intentaba estar de lo más tranquila, convencida de que si yo estaba tranquila ellos también y eso ayudaba al bebé. Segura de que todo estaría bien pero aún así con cosas nada agradables como un documental que estaba en la televisión de la habitación y que no se por qué veían que trataba de una serpiente comiendo a un cachorro de león, el cuál era buscado luego por su mamá quien lograba recuperar su cadáver medio disuelto en ácido estomacal (nada bonito de ver antes de un nacimiento).

Antes de entrar a cirugía todo bien con la doctora que me checaba (quien no era mi ginecólogo, el cual cabe destacar me vio desde antes de tener un mes de embarazo), también me llegó a ver el anestesiólogo quien de primera impresión me pareció muy amable. 

Cuando entré al quirófano en donde esperaba la música de la que tanto me habían platicado, sin embargo, en lugar de eso encontré a mi ginecólogo (¡primera vez que lo veía en TOOODO el día!) y un grupo de doctores que lo ayudarían. Me pusieron la anestesia y desde ahí, comencé a notar cosas que no me agradaban del todo:

-El anestesiólogo en lugar de estar al pendiente de mi se la pasó hablando por teléfono toda la operación, no me avisaba de nada, de cuando sacarían al bebé ni de cosas extrañas que podía llegar a sentir. Lo anterior lo explicaré... después de que sacaron a mi bebito cuando me limpiaban supongo, comencé a sentir una horrible presión en el pecho (mi esposo había estado internado antes por taquicardia y pues obviamente me asusté), cuando le pregunté quitado de la pena y como si fuera algo que me pasaba del diario me dijo que era normal (cosa que obvio tranquiliza) y que también sentiría nauseas. Ni bien había acabado la cirugía y ya había agarrado su mochila (literalmente) para irse.

-El ginecólogo, como ya mencioné, a pesar de que nos vimos durante ocho meses en los cuales fuimos puntualmente a las citas, obviamente pagando cada una de ellas, sabiendo que era madre primeriza y cuál era mi situación (bebé prematuro y así) no se dignó en dar una visitadita a la habitación para avisar la hora de la cirugía o decir que ya había llegado. Además, se fue antes de que terminara la cirugía. Y la cereza del pastel (que pasó antes que la anterior pero me parece de más importancia), sabiendo que necesito lentes para ver me mostraron a mi bebé cuando nació brevemente, a lo que yo pensé "claro, le hacen pruebas, lo limpian y ahorita me lo traen para que nos conozcamos", en lugar de eso sacaron al bebé y lo llevaron a la habitación mientras yo esperaba a que me lo llevaran para verlo de cerquita (no necesitó incubadora y si le pusieron oxigeno fue porque alguien, no se si mis padres, mi suegra o mi esposo, notaron que hacia un ruido al respirar).

- El doctor que me terminó de suturar... Una de las cosas que más me daban miedo de parir es el que luego quedan pedazos de placenta, cosas, etc. que terminan por enfermarte/matarte, no es algo que solo haya leído, sino que (lamentablemente) le ha pasado a familiares. Entonces, yo dentro de mi aturdimiento de la presión en el pecho, las nauseas y el notar que mi bebé no iba a regresar para nada, le pregunté al doctor por mi placenta, si había salido completa, y el tipo me dijo de manera despectiva "¿qué? ¿se la va a llevar?", con tonito de burla. Eso sí me enojó, pero pues no le dices nada a quien te está suturando ¿verdad?

Al momento de terminar con todo esto, obviamente la felicidad por tener un bebé sano opaca todo lo demás, sin embargo, poco a poco, pensando las cosas más en frío comencé darme cuenta de lo mal que me hicieron sentir esas personas y que es una experiencia que no quisiera repetir. 

Por supuesto si llego a tener otro bebé, espero que la experiencia sea diferente. Los doctores tienen una profesión muy importante, al igual que muchas otras profesiones en las que los demás nos desempeñamos, sin embargo considero de gran importancia para todos que siempre recordemos que antes que cualquier cosa somos humanos, sentimos y podemos ser empáticos con los demás. 

... aprovecho a desempolvar los pensamientos que he tenido guardados y no me han dejado en mucho tiempo.

miércoles, 3 de enero de 2018

Abelito ya "hace monadas"

Tengo muy presente lo mucho que he olvidado escribir aquí y que aún no publico nada de mi experiencia en el parto (lo que pensaba en ese entonces ni como lo veo ahora a la distancia).

Abelito ya tiene 3 meses, es un bebé muy sano y juguetón, a pesar de ser prematuro nunca se notó el que estuviera falto de fuerzas o energía.

Ser mamá es algo difícil pero muy bonito, estar al pendiente de las necesidades de un ser humano que no puede alimentarse ni defenderse por sí mismo, y que además de eso no puede expresarte con claridad lo que desea, puede ser desgastante.

Sin embargo, todo se ha convertido en una enorme aventura, que en las noches/madrugadas más difíciles, cuando aún siento que no he descansado bien y Abelito se pone a gritar porque se siente solo o, sobretodo, porque quiere comer, ver su sonrisa aún desdentada me da ánimos y me hace sentir tanto amor haciendo que todo sea mejor.